lunes, 16 de enero de 2012

De vuelta con bagaje.




"La sensación que guardo de aquellos días en Amsterdam es la de dos calaveras pálidas paseando al borde del canal."
Salí del hostel y agarré mi bicicleta de paseo. En el laberinto rojo (pero esto  no es el Soho) de la ciudad y por el filo de las aceras otros como yo escogen la bicicleta para la incursión de cada día. Esperando en una glorieta, viendo pasar los coches y las motos y otras bicis y el autobús, recordé los versos del poeta,

La muchacha boca abajo
jadea y llora
sola. 

Pero no es ella, no es ella me repito y reanudo la marcha hacia el colegio en que doy clases de español a muchachos y muchachas de entre doce y quince años. Pedaleo cada vez con más fuerza, más rabia, más frecuencia, nada pesa y nada se interpone en mi camino, pero sigo sin poder zafarme de aquello que comenzó siendo mero cabo (fin o principio del ovillo) del que el cerebro ha ido tirando y con el que ha ido atándome, inmovilizándome. Y paralizado frente al canal de Herengracht vuelve

Inmóvil y tibia, la memoria de su sangre y de su lágrima.

jueves, 4 de febrero de 2010

Acercamiento. Primer intento.

Dices,
Siento todo lo que ha pasado


La sombra de un avión atraviesa
la densa nube de tu Ducados Rubio.
Tus ojos la siguen y se cierran,
acuosos, con la siguiente calada.
Tu labio inferior vibra como nunca.
Mantienes el humo.

Dices,
Para, en este barrizal no nos molestará nadie.

Los faros de otros automóviles se cruzan
con los nuestros en una nebulosa irisada de luces.

Dices,
Como a una figura de arcilla mojada
Sigue tocándome

[El avión, aquél en el que te estrellaste. Los Ducados, el paquete que entreví en tu maleta. El coche, un Sedán antiguo, blanco, mío. La nebulosa, bueno, la nebulosa es una metáfora más.]

martes, 29 de diciembre de 2009

Postales



Uno.


Cuerpos de tan delgados irreales. Miradas que proyectan toda la luz que unos ojos pueden guardar. Carreras y cucharadas esporádicas para matar el hambre y la rutina. El asombro ante los edificios derruidos y deshabitados. Una sonrisa entre miles al contemplar una marioneta. Paquetes que caen del cielo. Sombras que se alargan y se vuelven más esbeltas con el paso de los días. Fotos. Tumbas aéreas. Arena. Sal para clamar las heridas. Cruces.


Dos.


-Me vale un carajo todo ese rollo de los viajes al pasado -cierra los ojos y seguramente imagine, fuma-, a mí lo que en verdad me gustaría es formar parte de esa primera generación que tenga que lidiar con un mundo que no sea más que desierto y megaconstrucciones inútiles. Un paisaje en el que los únicos que mantienen la esperanza son un grupo de niños que, desde las afueras de su aldea, a la intemperie, sentados en rocas lisas, miran al horizonte cada tarde hasta que el sol se pone.


Tres.


(Detrás de una foto panorámica de Berlín y sus arterias).


Cómo no me di cuenta
Cada noche después de follar
lo que mirabas abstraída en tu pecho
era mi fénix, que dejaba caer
en él su plumaje y sus cenizas.

Las plumas más bellas cayeron primero
Y taparon tus senos.


Tus lágrimas como pétalos entrecortados,
las metáforas: dos murciélagos
recorriendo el llano, dos cigüeñas
que se dan calor en lo alto de un poste telefónico,
bajo la lluvia.

Cómo no verlo, cómo no verlo.


Cuatro.


...mientras duermes intuyes sonrisas heladas, el punto anaranajdo de un cigarrillo prestado, el césped del vecino que crece más y más verde, balas de glocks rozando tu mejilla, y minutos después sus casquillos, la lluvia, cómo el frío va calándote poco a poco los huesos y las articulaciones...La Niebla.


Cinco.


Las luces del tráfico y la autovía desde la ventana del autobús, en la noche. No sé. Quizá sea por la relatividad, las perspectivas, los reflejos, la luz pasajera de algún automóvil que se anuncia y desaparece con la misma velocidad, la vegetación en la mediana que corta sus siluetas difusas, el espejeo, mi separación de todo esto.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Siete (cortos)

I
Una mujer joven llora arrodillada frente a un lavabo con la cara apoyada en las manos, silenciosa. A su alrededor, fragmentos de cristales rotos, y más allá de las paredes, el desierto.

II
Estamos emitiendo en medio de la nada y esto es Radio HVSTC (97.7 del dial), resopla Krusty de memoria y, acto seguido, se seca las gotas de sudor que le perlan la frente y le borran poco a poco la cara de payaso. Ha dejado su destartalado Tin Lizzie algo alejado de la choza desde donde emite hoy, sólo hoy y por razones que prefiere no mencionar. Tras transcurrir un par de horas está ya cansado y medio adormilado. El sonido del motor de un coche no menos destrozado que el suyo le pasa, por supuesto, inadvertido.

III
Es Coellano. Va a saltar al vacío en menos de diez segundos y lo primero que se le viene a la mente es un plato de porcelana de Meissen con una aceituna roja aplastada en el puro centro. Mira hacia abajo,Esto está muy alto, desde abajo no parecía tan alto. Le iluminan los focos.

IV
Un chico con el pelo alborotado y las zapatillas desgastadas juega al básket en una cancha del barrio de La Boca, en Buenos Aires. La canasta no tiene aro y él se conforma con acertar en el cuadrado más pequeño de la canasta. Su hermana y su hermano pequeños vienen a llamarle para comer, pero quedan hipnotizados, con la cara apoyada en los rombos metálicos que bordean la cancha, observando cómo intenta acertar una vez más en el polígono vacío.

V
En Metafísica, cuando el maestro dio el turno a los alumnos y sus preguntas: Sí, ejemm-carraspea; es un mexicano que acaba de manifestarse corpóreamente para el resto de la clase, en el asiento más alejado del aula. Su acento y su bigote perfilado captan la atención de todos.-¿Esos filósofos que dice usted,tienen amigos? Aquello ocurrió el primer día de clase. Llevo acudiendo ya unas cinco semanas y no ha vueto a aparecer. La respuesta del profesor tampoco fue muy esclarecedora.

VI
Vuelve para cenar, Julien, fue lo que le dijo su mujer cuando él cargaba el kayak en la baca de su ranchera. Julien lleva ahora cinco horas remando a oscuras en el lago Bled, que creía conocer de memoria. Parece que por fin comienza a vislumbrar una masa negra enorme que resalta en la oscuridad del dudoso paisaje, también ve unas lucecitas de colores.

VII
Carmen, suena a sufrimiento, a madre coraje, piensa mientras cuentan la historia de una muchacha no mayor de veinte años que quedó sepultada en un parque un día de primavera por millones de granos de polen. Nadie sabe cómo llegó tan lejos en el estado en el que se encontraba. En sus pulmones no había más que polen y bronquios destrozados. El confeti de la naturaleza, pensó también.

lunes, 18 de mayo de 2009

Algo de poesía, de insomnio


Sorprendo a mis ángeles
y a mis demonios en mi cama
Sólo el flexo encendido

Comparten un corazón lleno de poros
ya hecho migas
que reposan en un plato blanco,inmaculado

Todos tienen sangre
en las manos, los labios, las uñas,
los dientes

Entonces, sólo entonces, les apunto entre las cejas
con mi mano-revólver
cierro el ojo izquierdo
y aprieto el gatillo.

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Ellos son los auténticos
ángeles de los callejones
Los que se inyectan su dosis sentados
contra la pared de un edificio en obras,
y miran al cielo y sonríen,
sonríen porque se saben libres.

Ellos hacen de la vida un campo de batalla
rebosante de drogas de enfermedades
de putas y putos de trabajos inmundos
de folios, de tinta.

Algunos tienen cámara, otros
simplemente pintan con su sangre
o con su meado o con pintura robada
cuadros de insomnio de gente muerta.

Sin pensárselo dos veces.

Sólo ellos los que nos salvan.
Sólo ellos, duros y frágiles.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Uno de los primeros intentos



En realidad no sé si estaba drogado por el insomnio o simplemente atontado, pero lo que sí sé es que no entiendo qué quería decir (al menos no en la totalidad del mensaje). Entonces un pensamiento muy vago cruzó mi mente, quise clarificarlo pero me demoré demasiado en el intento. Lo perdí. Ahora guardo silencio.

Gemido sordo de la inocencia sesgada,
Un cuchillo en la mano,
La imagen del estupor en el rostro y
Una elección primaria.